En esta novena bibliografía hablaré sobre el último
tema que dimos en clase teórica, el VIH. Concretamente hablaré sobre las
manifestaciones clínicas del virus, el diagnóstico y algunas pruebas para su
determinación.
El virus
de la inmunodeficiencia humana (VIH)
es un lentivirus (de la familia Retroviridae), causante del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida). El virión es esférico, dotado de una
envoltura y con una cápside proteica. Su genoma es una cadena de ARN monocatenario que debe copiarse provisionalmente al ADN para poder multiplicarse e integrarse en el genoma de
la célula que infecta. Los antígenos proteicos de la envoltura exterior se acoplan de forma específica con proteínas de
la membrana de las células infectables, especialmente de los linfocitos T CD4.
Las manifestaciones
clínicas se extienden desde un síndrome agudo que se presenta en asociación
con la infección primaria pasando por un estado asintomático prologando hasta
la fase de enfermedad avanzada. Es preferible considerar que la enfermedad por
el VIH comienza en el momento de la infección primaria y que va pasando a
través de diferentes estadios. La repleción activa del virus y el deterioro
inmunitario progresivo son fenómenos que ocurren en la mayoría de los pacientes
a lo largo de toda la evolución del proceso. A excepción de los individuos que
no progresan a largo plazo, la enfermedad avanza de forma incluso durante el
estado de latencia clínica.
El diagnóstico
por infección del VIH se basa en la demostración de los anticuerpos anti-VIH,
en la detección directa del VIH o de alguno de sus componentes, o en ambos. La
prueba convencional de detección sistemática del VIH es la prueba de
enzimoinmunoanálisis de adsroción (ELISA).
La estrecha relación que existe entre las
manifestaciones clínicas de la infección por el VIH y el recuento de linfocitos
T CD4+ ha hecho de la determinación de este último parámetro un elemento básico
para valorar a individuos con infección por el VIH. El descubrimiento del virus
como la causa del sida dio lugar al desarrollo de pruebas sensibles que
permiten vigilar la cantidad de VIH en sangre. Junto con los datos sobre las
concentraciones séricas o plasmáticas del RNA del VIH, las cifras de linfocitos
T CD4+ se convierten en un valioso grupo de datos para determinar el pronóstico
y vigilar la respuesta al tratamiento.
La prueba de
confirmación más usada es la inmunotransferencia. Su ventaja estriba en que
múltiples antígenos del VIH de peso molecular diferente y bien caracterizado
despiertan la producción de anticuerpos específicos, tales antígenos pueden
separarse basándose en su peso molecular y los anticuerpos frente a cada uno de
ellos se pueden detectar en forma de bandas separadas mediante
inmunotransferencia.
Las pruebas de
resistencia al VIH se pueden llevar a cabo mediante determinaciones del
genotipo o del fenotipo. En las pruebas genotípicas se comparan los análisis de
secuencias de los genomas de los VIH obtenidos de los pacientes con las
secuencias del virus que tienen perfiles de resistencia conocidos. Las pruebas
fenotípicas consisten en comparar el crecimiento in vivo de cepas procedentes
del paciente con el crecimiento de las cepas de referencia de los virus en
presencia o ausencia de diferentes fármacos antirretrovirales.
Otras pruebas que podrían servir como posibles
marcadores de la actividad de la enfermedad por el VIH se encuentra el cultivo
cuantitativo del VIH cooperante para la replicación a partir del plasma, las
células mononucleares de sangre periférica o los linfocitos T CD4+ en reposo.
Fauci, Braunwald, Kasper, Hauser,Longo, Jameson et al.
Enfermedad por el virus de la inmunodeficiencia humana: SIDA y procesos
relacionados. En: Harrison,director. Principios de medicina interna. Vol 1. 18ª
ed. Barcelona: McGrawHill; 2012.p. 1538-1542
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