Como hemos
hablado en clase esta semana existen varios tipos de hemorragias, por ello yo
he decidido buscar información sobre las hemorragias digestivas. Existen dos
tipos de hemorragias la hemorragia digestiva alta o HDA y la hemorragia digestiva
baja o HDB.
Si la lesión
se localiza por encima del ángulo de Treiz es una HDA y se manifestará
principalmente mediante el vómito de sangra roja y fresca (hematemesis), como
vómito negro de sangre con coágulos (vómitos en posos de café), o por heces
negras (melenas). Las principales causas son la úlcera gástrica o duodenal, las
varices esofágicas y la gastritis, y éstas a su vez con frecuencia suelen estar
producidas por el consumo de alcohol o fármacos.
Cuando la
hemorragia se produce por debajo del ángulo de Treiz estamos ante una HDB. Esta
se suele manifestar con la expulsión de heces mezcladas con sangre roja (hematoquecia)
o con la aparición de rectorragia, la presencia de melenas es excepcional y si
se presenta indica que el origen se sitúa en el intestino delgado o colon
proximal. Las causas más frecuentes son la diverticulitis, el divertículo de
Meckel, la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn.
Las pruebas
diagnósticas habituales ante una hemorragia digestiva son: el análisis de
sangre (hemograma, coagulación, bioquímica esencial y pruebas cruzadas);
radiografía de tórax cuando existan enfermedades subyacentes como insuficiencia
cardiaca o respiratoria, cuando se sospecha la presencia de cuerpos extraños en
esófago, y para valoración
prequirúrgica; radiografía de abdomen para descartar la existencia de un
proceso obstructivo o la perforación de alguna víscera; la gastroscopia para
identificar el origen de una HDA; la arteriografía para el diagnóstico de
malformaciones vasculares; la radiografía con bario es la única forma de
acceder al intestino delgado aunque no se puede realizar en la fase aguda del
sangrado; etc.
Dependiendo
de la gravedad y de la localización se suelen llevar a cabo distintas medidas
de acción como mantener caliente a la persona cuando entra en shock; reponer
sangre a través de dos vías periféricas de gran calibre (una para determinar el
grupo sanguíneo o el hematocrito y la hemoglobina y la otra para administrar
líquidos y sangre) u ordenar la infusión de soluciones de albúmina, plasma y
lactato de Ringer hasta que se disponga de sangre; controlar el pulso y la tensión
arterial cada 15 minutos; mantener la presión venosa central y la presión arterial
sistólica > 90 mm Hg; colocar una sonda nasogástrica para realizar un lavado
con suero salino helado; prescribir oxigenoterapia; llevar a cabo una
angiografía para administrar una infusión de vasopresina en el interior de las
arterias gástricas, para realizar una fotocoagulación con láser o para ocasionar
una embolización; taponar con balón las varices esofágicas sangrantes. Cuando ha cedido la hemorragia se debe seguir
controlando las constantes vitales de la persona, se debe descomprimir el
estómago con una sonda de aspiración digestiva y se debe instaurar de forma
progresiva la dieta. El tratamiento quirúrgico se utiliza en aquellos casos de
hemorragia digestiva imposible de controlar mediante los métodos citados
previamente.
Una consideración
de enfermería que aparece en este capítulo y me parece importante para este
tipo de problema de salud y para todos en general es que se debe brindar el
oportuno apoyo emocional a la persona afectada.
Leyva JM. Digestivo. En: Gay J,
director. Nuevo Manual de la Enfermería. 2ª ed. Barcelona: Oceano; 2009. p.
227-231.
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