sábado, 3 de octubre de 2015

Bibliografía 3

Como hemos hablado en clase esta semana existen varios tipos de hemorragias, por ello yo he decidido buscar información sobre las hemorragias digestivas. Existen dos tipos de hemorragias la hemorragia digestiva alta o HDA y la hemorragia digestiva baja o HDB.

Si la lesión se localiza por encima del ángulo de Treiz es una HDA y se manifestará principalmente mediante el vómito de sangra roja y fresca (hematemesis), como vómito negro de sangre con coágulos (vómitos en posos de café), o por heces negras (melenas). Las principales causas son la úlcera gástrica o duodenal, las varices esofágicas y la gastritis, y éstas a su vez con frecuencia suelen estar producidas por el consumo de alcohol o fármacos.

Cuando la hemorragia se produce por debajo del ángulo de Treiz estamos ante una HDB. Esta se suele manifestar con la expulsión de heces mezcladas con sangre roja (hematoquecia) o con la aparición de rectorragia, la presencia de melenas es excepcional y si se presenta indica que el origen se sitúa en el intestino delgado o colon proximal. Las causas más frecuentes son la diverticulitis, el divertículo de Meckel, la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn.

Las pruebas diagnósticas habituales ante una hemorragia digestiva son: el análisis de sangre (hemograma, coagulación, bioquímica esencial y pruebas cruzadas); radiografía de tórax cuando existan enfermedades subyacentes como insuficiencia cardiaca o respiratoria, cuando se sospecha la presencia de cuerpos extraños en esófago, y  para valoración prequirúrgica; radiografía de abdomen para descartar la existencia de un proceso obstructivo o la perforación de alguna víscera; la gastroscopia para identificar el origen de una HDA; la arteriografía para el diagnóstico de malformaciones vasculares; la radiografía con bario es la única forma de acceder al intestino delgado aunque no se puede realizar en la fase aguda del sangrado; etc.

Dependiendo de la gravedad y de la localización se suelen llevar a cabo distintas medidas de acción como mantener caliente a la persona cuando entra en shock; reponer sangre a través de dos vías periféricas de gran calibre (una para determinar el grupo sanguíneo o el hematocrito y la hemoglobina y la otra para administrar líquidos y sangre) u ordenar la infusión de soluciones de albúmina, plasma y lactato de Ringer hasta que se disponga de sangre; controlar el pulso y la tensión arterial cada 15 minutos; mantener la presión venosa central y la presión arterial sistólica > 90 mm Hg; colocar una sonda nasogástrica para realizar un lavado con suero salino helado; prescribir oxigenoterapia; llevar a cabo una angiografía para administrar una infusión de vasopresina en el interior de las arterias gástricas, para realizar una fotocoagulación con láser o para ocasionar una embolización; taponar con balón las varices esofágicas sangrantes.  Cuando ha cedido la hemorragia se debe seguir controlando las constantes vitales de la persona, se debe descomprimir el estómago con una sonda de aspiración digestiva y se debe instaurar de forma progresiva la dieta. El tratamiento quirúrgico se utiliza en aquellos casos de hemorragia digestiva imposible de controlar mediante los métodos citados previamente.

Una consideración de enfermería que aparece en este capítulo y me parece importante para este tipo de problema de salud y para todos en general es que se debe brindar el oportuno apoyo emocional a la persona afectada.


Leyva JM. Digestivo. En: Gay J, director. Nuevo Manual de la Enfermería. 2ª ed. Barcelona: Oceano; 2009. p. 227-231.

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