La
bibliografía de esta semana he decidido hacerla sobre las úlceras por presión,
debido a que es una lesión que vamos a ver frecuentemente en nuestro trabajo y
es nuestra labor prevenirlas.
Una
úlcera por presión es una lesión localizada de la piel y de los tejidos
subyacentes, o de ambos, habitualmente sobre un saliente óseo. Es el resultado
de la presión o de la combinación de la presión con fuerzas de cizallamiento y
fricción, o ambas. La parte posterior de la cabeza, las escápulas, los codos,
las caderas, el sacro, las rodillas, los tobillos, los talones y los dedos de
los pies son prominencias óseas. Las orejas y los pliegues de la piel también
suelen ser focos de úlceras de decúbito.
Entre
los factores de riesgo están las grietas cutáneas, los defectos de circulación
de una zona concreta, la humedad, la sequedad de la piel y la irritación por
orina o heces. Las personas de edad avanzada y las discapacitadas están
expuestas a un riesgo alto de desarrollar úlceras por presión.
La
presión se produce cuando la piel que recubre el saliente óseo se presiona
entre dos superficies duras (el hueso y el colchón o el asiento del sillón), esto
obstaculiza el flujo sanguíneo a la piel y a los tejidos subyacentes lo que
puede producir la muerte de la piel y los tejidos implicados. La fricción raspa
la piel dando lugar a una zona abierta, que con un flujo sanguíneo defectuoso o
una infección no puede cicatrizar, por lo que puede dar lugar a una úlcera de
decúbito. El cizallamiento se produce cuando la piel se adhiere a una
superficie (la cama o el sillón) mientras los tejidos situados en profundidad
se desplazan hacia abajo, por lo que los tejidos y los vasos sanguíneos sufren
daños y disminuye el flujo sanguíneo de la zona.
La
lesión suele manifestarse primero con el enrojecimiento de la piel, el cual no
desaparece cuando se alivia la presión. La segunda etapa suele ser la pérdida
de grosor parcial de la piel y puede aparecer una ampolla o una úlcera
superficial. La tercera etapa consiste en la pérdida tisular de la totalidad
del grosor y puede estar expuesta la grasa subcutánea o puede que haya
descamación tisular. En la cuarta etapa suele haber exposición de músculos,
tendones y hueso y en ocasiones se observa descamación tisular o escaras.
Finalmente hay una pérdida tisular de la totalidad del grosor con una úlcera
cubierta descamada y una escara, o ambas. La descamación puede ser amarilla,
oscura, gris, verde o marrón y la escara oscura, marrón o negra.
La
prevención de las úlceras es mucho más sencilla que su tratamiento. Para ello
son esenciales la limpieza de la ropa del paciente y de la ropa de cama, los
cuidados de la piel (debe estar limpia, seca e hidratada), los cambios
posturales (cada 15 minutos en el sillón y cada hora o dos horas en la cama) y
evitar la fricción, el cizallamiento y la presión (utilizando dispositivos si
es necesario).
Los
dispositivos más habituales son el arco de cama, taloneras y coderas, alzas del
talón y el pie, almohadillas o cojines de gel o líquido, almohadillas tipo huevera,
camas especiales (de gomaespuma, de gel, de aire, de aire alternante o de
agua), almohadas, rodillos para el trocánter, etc. Todos estos dispositivos
ayudan a mantener al paciente en la postura correcta.
Sorrentino SA, Remmert LN, Gorek B. Ayuda con el cuidado de
las heridas. En: Sorrentino SA, directora. Fundamentos de Enfermería Práctica.
4ª ed. España: Elsevier; 2011. p.404-409.
No hay comentarios:
Publicar un comentario