sábado, 31 de octubre de 2015

Bibliografía 7

            La bibliografía de esta semana he decidido hacerla sobre las úlceras por presión, debido a que es una lesión que vamos a ver frecuentemente en nuestro trabajo y es nuestra labor prevenirlas.

            Una úlcera por presión es una lesión localizada de la piel y de los tejidos subyacentes, o de ambos, habitualmente sobre un saliente óseo. Es el resultado de la presión o de la combinación de la presión con fuerzas de cizallamiento y fricción, o ambas. La parte posterior de la cabeza, las escápulas, los codos, las caderas, el sacro, las rodillas, los tobillos, los talones y los dedos de los pies son prominencias óseas. Las orejas y los pliegues de la piel también suelen ser focos de úlceras de decúbito.

            Entre los factores de riesgo están las grietas cutáneas, los defectos de circulación de una zona concreta, la humedad, la sequedad de la piel y la irritación por orina o heces. Las personas de edad avanzada y las discapacitadas están expuestas a un riesgo alto de desarrollar úlceras por presión.

            La presión se produce cuando la piel que recubre el saliente óseo se presiona entre dos superficies duras (el hueso y el colchón o el asiento del sillón), esto obstaculiza el flujo sanguíneo a la piel y a los tejidos subyacentes lo que puede producir la muerte de la piel y los tejidos implicados. La fricción raspa la piel dando lugar a una zona abierta, que con un flujo sanguíneo defectuoso o una infección no puede cicatrizar, por lo que puede dar lugar a una úlcera de decúbito. El cizallamiento se produce cuando la piel se adhiere a una superficie (la cama o el sillón) mientras los tejidos situados en profundidad se desplazan hacia abajo, por lo que los tejidos y los vasos sanguíneos sufren daños y disminuye el flujo sanguíneo de la zona.

            La lesión suele manifestarse primero con el enrojecimiento de la piel, el cual no desaparece cuando se alivia la presión. La segunda etapa suele ser la pérdida de grosor parcial de la piel y puede aparecer una ampolla o una úlcera superficial. La tercera etapa consiste en la pérdida tisular de la totalidad del grosor y puede estar expuesta la grasa subcutánea o puede que haya descamación tisular. En la cuarta etapa suele haber exposición de músculos, tendones y hueso y en ocasiones se observa descamación tisular o escaras. Finalmente hay una pérdida tisular de la totalidad del grosor con una úlcera cubierta descamada y una escara, o ambas. La descamación puede ser amarilla, oscura, gris, verde o marrón y la escara oscura, marrón o negra.

            La prevención de las úlceras es mucho más sencilla que su tratamiento. Para ello son esenciales la limpieza de la ropa del paciente y de la ropa de cama, los cuidados de la piel (debe estar limpia, seca e hidratada), los cambios posturales (cada 15 minutos en el sillón y cada hora o dos horas en la cama) y evitar la fricción, el cizallamiento y la presión (utilizando dispositivos si es necesario).

            Los dispositivos más habituales son el arco de cama, taloneras y coderas, alzas del talón y el pie, almohadillas o cojines de gel o líquido, almohadillas tipo huevera, camas especiales (de gomaespuma, de gel, de aire, de aire alternante o de agua), almohadas, rodillos para el trocánter, etc. Todos estos dispositivos ayudan a mantener al paciente en la postura correcta.


Sorrentino SA, Remmert LN, Gorek B. Ayuda con el cuidado de las heridas. En: Sorrentino SA, directora. Fundamentos de Enfermería Práctica. 4ª ed. España: Elsevier; 2011. p.404-409.

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