Un tema sobre
el que hemos hablado esta sexta semana de teoría es el cáncer, concretamente
sobre el cáncer de mama. Por ello he decidido investigar un poco más de manera
general sobre el cáncer y los pacientes oncológicos.
El cáncer es
un grupo de complejas enfermedades cuyas manifestaciones variarán dependiendo
del sistema orgánico afectado y del tipo de células tumorales implicadas. Puede
afectar a individuos de cualquier edad, sexo, etnia u origen geográfico. Aunque
la incidencia y la mortalidad han descendido de forma continua desde 1990,
sigue siendo una de las enfermedades más temidas.
El cáncer
puede tratarse mediante cirugía, quimioterapia, radioterapia, tratamiento
biológico, tratamiento fotodinámico, trasplante de médula ósea o células progenitoras
y medidas complementarias.
La quimioterapia
es el empleo de fármacos citotóxicos para reducir el tamaño del tumor, asociada
a la cirugía o a la radioterapia, o para prevenir o tratar la metástasis. La
radioterapia consiste en la emisión de radiaciones ionizantes de rayos X y
rayos “y” en forma de teleterapia (consiste en la emisión de radiación desde
una fuente situada a cierta distancia del paciente, de forma que la dosis que
alcanza el tumor es relativamente homogénea) o de braquiterapia (en la que el
material radiactivo se coloca directamente en el tumor o en un lugar adyacente,
de manera que el tumor recibe una dosis más alta que los tejidos que lo rodean),
puede emplearse para destruir el tumor, reducir su tamaño, aliviar el dolor o
solucionar una obstrucción. Estos dos tipos de tratamiento son bastante temidos
y asociados siempre a una situación de mucho peligro por parte de los pacientes.
Otra de las
mayores preocupaciones de los pacientes, las familias y los profesionales
sanitarios de la oncología es el dolor.
El dolor en el cáncer puede clasificarse como agudo con un patrón más definido,
con manifestaciones típicas y suele deberse a la hiperactividad de sistema
autónomo; o crónico, el cual dura más de 6 meses y no suele presentar manifestaciones
objetivas fundamentalmente por la adaptación del sistema nervioso autónomo a la
agresión crónica, este tipo de dolor suele derivar en cambios de personalidad,
alteraciones funcionales y trastornos en el estilo de vida que pueden afectar
gravemente al cumplimiento terapéutico y a la calidad de vida.
Los cambios en
la calidad de vida también suelen deberse al estrés físico que produce la
enfermedad. Cuando el sistema inmunitario descubre una neoplasia (masa de
tejido nuevo que prolifera de manera independiente a las estructuras
circundantes y que carece de un propósito fisiológico) intenta destruirla
utilizando los recursos del organismo. Este realiza un ataque masivo contra el
invasor, recurriendo a muchos recursos como mediadores químicos, hormonas,
encimas, células sanguíneas, anticuerpos, etc. Estas respuestas también utilizan
los mecanismos del equilibrio hidroelectrolítico y nutricional. Este esfuerzo masivo
requiere una tremenda cantidad de energía.
Por ello, muchos pacientes con cáncer presentan cansancio, adelgazamiento,
anemia, deshidratación y alteraciones sanguíneas.
Los pacientes
también muestran diversas respuestas psicológicas y emocionales. Algunos
ven el cáncer como una sentencia de
muerte y experimentan un pesar abrumador que a menudo les lleva a rendirse.
Otros se sienten culpables o consideran el cáncer como un castigo por conductas
pasadas. Pueden experimentar ira, impotencia, miedo al desenlace de la enfermedad,
a los efectos del tratamiento, al dolor o a la muerte. Hay casos en los que se
sienten aislados a causa del estigma del cáncer y las antiguas creencias sobre
el contagio. Las preocupaciones sobre la imagen corporal y la disfunción sexual
también suelen estar muy presentes.
Lemone P, Burke K. Fisiopatología
y patrones de salud. En: Lemone P, editora. Enfermería medicoquirúrgica:
Pensamiento crítico en la asistencia del paciente. 4ª ed. Madrid: Pearson;
2009. p. 368-418.
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