lunes, 12 de octubre de 2015

Bibliografía 3

En la tercera semana de clase teórica de Enfermería Médico-Quirúrgica I, hemos tratado entre otros temas algunos tipos de hemorragia, entre las que cabe destacar la hemorragia digestiva, sobre la que voy a hablar en este artículo.

La hemorragia digestiva
Una hemorragia digestiva se refiere a cualquier tipo de hemorragia que se origine en el tracto digestivo. El sangrado puede provenir de cualquier sitio a lo largo del tubo digestivo, pero a menudo se divide en:
  • Hemorragia digestiva alta: el tubo digestivo alto incluye el esófago, el estómago y la primera parte del intestino delgado.
  • Hemorragia digestiva baja: el tubo digestivo bajo incluye la mayor parte del intestino delgado, el intestino grueso, el recto y el ano.

Fisiopatología
La mucosa gastrointestinal está altamente vascularizada, lo que favorece la recuperación de la misma cuando existen lesiones, así como la aparición de hemorragias, cuando los vasos son dañados o estén anormalmente dilatados.

Las hemorragias pueden aparecer en cualquier parte del tracto gastroinestinal, pero son más frecuentes en la parte superior, la mayoría de las veces provocados por gastritis erosiva, úlcera péptica, y las varices esofágicas.

Los efectos del sangrado digestivo son diferentes. Por una parte, la sangre es un irritante gástrico y produce náuseas y vómitos sanguinolentos (hematemesis), pero si la sangre permanece un tiempo en el estómago y es parcialmente digerida se denomina "vómitos en posos de café".

Así mismo, la acumulacion de sangre en el tracto gastrointestinal estimula el peristaltismo, aumenta los ruidos GI y produce diarrea, pudiendo ser melenas o hematoquecia. Una melena es la expulsión de deposiciones negras, viscosas y malolientes debido a la presencia de sangre degradada proveniente de algún sitio del aparato digestivo. Así, cuando el sangrado proviene de la parte superior, que abarca el esófago, estómago y primera porción del duodeno, toma una coloración a menudo referida como "alquitranada".

Cuando la hemorragia proviene de la segunda porcion del duodeno, colon o recto, se puede encontrar sangre oculta en las heces. A este sangrado se le llama hematoquecia, que a diferencia de la melena, casi siempre es de coloración rojo intenso.  

Manifestaciones clínicas, hallazgos diagnósticos y complicaciones
Los signos y síntomas dependen de la magnitud del sangrado. La hemorragia leve pasa desapercibida y como anemia ferropénica. En cambio, la hemorragia grave produce rápida depleción de volumen con signos de bajo gasto cardíaco, taquicardia, hipotensión, palidez, disminucióon de la orina y vasoconstricción periférica para mantener la perfusión de órganos vitales.

El diagnóstico podemos obtenerlo a través de:
  • Hemograma completo incluyendo hemoglobina y hematocrito.
  • Determinar el grupo sanguíneo y pruebas cruzadas por posible transfusión.
  • Electrolitos, urea y osmolalidad sérica que reflejan los efectos de la hemorragia.
  • Controlar la función hepática y la coagulación.
  • Endoscopia alta. 

Tratamiento y cuidados de enfermería
El tratamiento farmacológico consistirá en la administración de fármacos para disminuir el sangrado, y la secreción ácida del ácido clorhídrico. La medicación para disminuir el sangrado se administra mediante endoscopia, como la inyección de alcohol absoluto o adrenalina, que es eficaz en hemostasia aguda. Estos agentes producen edema tisular y presión en el origen del sangrado.

Para producir vasoconstricción en varices sangrantes se usa vasopresina. Aunque, el paciente tratado con esta debe ser evaluado estrechamente por los posibles efectos adversos isquémicos, miocárdicos, viscerales y periféricos. Comenzar con tratamiento para recuperar y estabilizar el sangrado, como la administración de fluidos por vía periférica, rigen lactato o sangre fresca. Es muy importante el balance hídrico, colocando una sonda vesical y realizando control estricto de entradas y salidos. Insertar un sondaje nasogástrico para diferencir la sangre fesca del material con aspecto de posos de café, ayudar a la remoción de coágulos y ácido y prevenir náuseas, vomitos y nuevos sangrados.

Se debe vigilar los signos vitales y la saturación de oxígeno. Es recomendable colocar al paciente con los miembros inferiores elevados para evitar la hipotensión; ahora bien, para prevenir la aspiración de vómitos, se colocará al paciente sobre su lado izquierdo. 


Rubiales Paredes MD, Palmar Santos AM. Alteraciones gástricas y obesidad mórbida. En: Pedraz Marcos A, coordinadora. Enfermería del adulto. Vol II. 1ª ed. Madrid: Editorial Universitaria Ramón Areces; 2011. p. 537-538.

No hay comentarios:

Publicar un comentario