sábado, 3 de octubre de 2015

Bibliografía 3

Una de las cosas que hemos visto en esta tercera semana, ha sido el dolor; así como los tipos que hay, la valoración de estos, las vías de transmisión, los medicamentos que deben de administrarse para paliar el mismo… Por lo tanto voy hablar de estos medicamentos ya que me parece interesante e imprescindible su estudio y comprensión.

La administración de medicamentos es la forma más frecuente de tratar el dolor. Se dispone de varios fármacos, los cuales tienen muchas vías de administración. Entre estos fármacos se encuentran los analgésicos no opiáceos, los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), los opiáceos sintéticos, los antidepresivos y los anestésicos. La enfermera es responsable de valorar los efectos adversos de los medicamentos, evaluar la eficacia de los medicamentos y educar al paciente (Promoción y prevención de la salud). Los AINE y los opiáceos se usan de forma progresiva hasta que se alivia el dolor, reflejando así la interacción de estos dos tipos de analgésicos. A continuación explicaré brevemente cada uno de estos tipos de fármacos:

Analgésicos NO opiáceos. Los analgésicos no opiáceos como el paracetamol, producen analgesia y reducen la fiebre. El mecanismo exacto de acción es desconocido. Se usan para tratar el dolor leve a moderado. Para tratar el dolor moderado a moderadamente intenso se usa una nueva clase de analgésicos no opiáceos de acción central. En esta clase se incluye el tramadol, de uso amplio. Su efecto analgésico es comparable al de la codeína, aunque es menos potente que el de la morfina. Los efectos adversos graves son raros, pero entre ellos están las convulsiones.

AINE.  Los AINE actúan sobre las terminaciones de los nervios periféricos y minimizan el dolor al interferir con la síntesis de prostaglandinas. Ejemplos de ellos son el ácido acetilsalicílico y el ibuprofeno. Los AINE tienen acciones antiinflamatorias, analgésicas y antipiréticas. Los AINES son el tratamiento de elección para el dolor leve a moderado y continúan siendo eficaces cuando se combinan con los opiáceos para el dolor moderado a intenso.

OPIÁCEOS. Los opiáceos o narcóticos son derivados de la planta de Opio. Estos fármacos (y sus formas sintéticas ) son el tratamiento farmacológico de elección del dolor moderado a intenso. Son ejemplos de ellos la morfina, la codeína, y el fentanilo. Los analgésicos opiáceos producen analgesia al unirse a los receptores de opiáceos dentro y fuera del SNC.
-Un mito frecuente entre los profesionales sanitarios es que los opiáceos habituales para el tratamiento del dolor poseen un riesgo real de adicción. En realidad cuando los medicamentos se usan como se recomiendan hay poco riesgo o nulo de adicción. En cambio, si el dolor no se trata de la forma adecuada el paciente puede buscar más y más opiáceos.

ANTIDEPRESIVOS. Los antidepresivos dentro de los grupos tricíclicos y químicos relacionados actúan sobre la producción y retención de serotonina en el SNC, lo que inhibe la sensación de dolor. También promueven los patrones del sueño normales, lo que alivia el sufrimiento del paciente con dolor. Son útiles para el dolor neuropático.

ANESTÉSICOS. Los fármacos como la benzocaína y la lidocaína son parte de un gran grupo de sustancias que bloquean la iniciación y transmisión de los impulsos nerviosos en una zona local, por lo que también bloquea el dolor.

Dos de las consideraciones de enfermería que aparecen en lo descrito anteriormente y que me parecen importantes y necesarias saber son que la dosis menor puede ser adecuada para pacientes mayores con dolor crónico. Contraindicado en pacientes con asma aguda u obstrucción de la vía respiratoria superior.

También puede causar abstinencia en pacientes con dependencia física de los opiáceos. Puede causar alucinaciones. Aumento de la carga cardíaca. Contraindicado en pacientes con infarto de miocardio.


LeMone P, Burke K. Fisiopatología y patrones de salud. En: Clares JA, director. Enfermería Médico Quirúrgica. Pensamiento crítico en la asistencia del paciente. Vol 1. 4ª ed. Madrid: Pearson Educación; 2009. p. 177-180. 

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