Esta semana nos toca hablar de la parte de dermatología, en
este caso he elegido un capítulo sobre el acné, ya que me parece de especial
importancia porque afecta especialmente a la adolescencia.
El acné es un padecimiento crónico, caracterizado por la
presencia de lesiones que involucran al folículo piloso, que se inician como
comedones y originan pápulas, pústulas y abscesos en la piel de la cara y el
tórax. Los factores más importantes de su desarrollo son: la excesiva
producción de sebo, la descamación anormal de folículo piloso polisebáceo y la
proliferación de Propionibacterium acnés.
A continuación, los autores nos hablan de los distintos tipos
de acnés, que pese a la variedad de
tipos que hay dependiendo de la edad y el modo de presentación, la forma más
común es el vulgaris.
-Acné vulgaris: es la forma más común, es más frecuente en el
hombre, debido a su mayor producción androgénica, principalmente en la
pubertad, etapa de la vida en que el acné invariablemente se presenta; de
hecho, señala su advenimiento. En la mujer su prevalencia es menor y suele
preceder o acompañar a la menarquía.
-Acné conglobata: se diferencia del anterior porque presenta
sus lesiones agrupadas: dos, tres o cuatro comedones fusionados, grandes abscesos
o seudoquistes con formación de tractos sinuosos y fenómenos inflamatorios, con
notables lesiones cicatriciales.
-Acné fulminante: forma extraña, que se caracteriza por la
aparición de nódulos, abcesos y papulopústulas que en general se encuentran en
el tronco y rara vez en a cara. Es casi exclusivo de los hombres y se presenta
entre los 15 y los 20 años.
También podemos encontrar al acné inducido por medicamentos (esteroides
anabólicos, bromuros, yoduros, glucocorticoides), por cosméticos, por
detergentes, por pomadas, acné estival o acné tropical. Finalmente, existe un
tipo de acné en la edad pediátrica que puede deberse a los propios andrógenos
del niño o de la madre.
Seguidamente, hay que decir que el diagnóstico de esta
enfermedad dermatológica se basa en la topografía de la cara y el tórax, en
donde se identifican los elementos propios del padecimiento: comedones, pápulas
y pústulas. Por lo que respecta al tratamiento, nuestros autores hablan del
hecho de que no se resuelve a corto plazo y que se debe de tener en cuenta su
gravedad y de qué lesión predomina. Existen medicamentos de uso tópico (antibióticos,
eritromicina, clindamicina) y medicamentos de uso general por vía oral
(tetraciclinas, clorhidrato de tetraciclina). Para las formas graves, muy
crónicas o que no responden al tratamiento, podemos recurrir a isotretinoína
(un retinoidederivado de la vitamina A).
Por último, ponemos final a esta exposición destacando que he
elegido este capítulo porque es una enfermedad en la que todos somos
susceptibles desde el nacimiento y que debemos conocer aunque sea de forma
general y olvidarnos de aquellos mitos como por ejemplo, que no se puede comer
chocolate , ya que no hay pruebas científicas que muestren que estos alimentos
influye en el curso de la enfermedad.
Magaña García M, Magaña Lozano M. Enfermedades del complejo
pilo-sebáceo-apocrino. En Magaña García M director. Dermatología. 1ªed. México:
Médica
Panamericana;2010.p.249-255
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