lunes, 12 de octubre de 2015

Bibliografía 4

En esta cuarta semana he decidido hacer la bibliografía de mi trabajo  de campo, en este caso sobre la enfermedad de Crohn.

La enfermedad de Crohn es una respuesta inflamatoria granulomatosa que puede afectar a cualquier parte del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano, incidiendo más sobre  el intestino delgado.

Esta enfermedad progresa en forma lenta e implacable y a menudo puede ser discapacitante. Los principales síntomas son dolor cólico, pérdida de peso, alteraciones de los líquidos y electrolitos, diarrea intermitente, fiebre baja y malestar general. Y las principales manifestaciones o signos suelen ser lesiones granulomatosas en todas las capas del intestino, ulceración de la piel perianal, fístulas y abcesos abdominales y obstrucción intestinal.

El diagnóstico de esta enfermedad requiere una anamnesis completa y un examen físico minucioso. Entre las principales pruebas diagnósticas que se suelen realizar están la sigmoidoscopia, examen de muestras de heces frescas, tomografía computarizada y radiografías con contraste. La realización de estas pruebas sirven para detectar signos como abcesos, fístulas, infección, realizar biopsias, etc.

Los métodos de tratamiento se centran en la inhibición de la respuesta inflamatoria y en promover la curación, mantener una nutrición adecuada, y prevenir y tratar las complicaciones. Las medicaciones más utilizadas son corticosteroides, sulfasalazina, metroonidazil, ciclosporina y 6-mercaptopurina para tratar la reacción inflamatoria.

En 1999, la FDA aprobó el uso de infliximab para el tratamiento de la enfermedad de  Crohn moderada a grave que no responde a los tratamientos estándares o  para el tratamiento de fístulas de drenaje abiertas. Este es el primer tratamiento específico aprobado para esta enfermedad ya que combate varios de los signos y síntomas que presentan los pacientes con este problema de salud.

En este trastorno son frecuentes las deficiencias nutricionales debido a la malabsorción de los alimentos. Se recomienda una dieta nutritiva rica en calorías, vitaminas y proteínas, y evitar las grasas ya que agravan la diarrea. En la fase aguda de la enfermedad se indica una dieta básica, con buen balance nutricional pero sin residuos y de poco volumen, debido a que los alimentos que se ingieren de esta manera se absorben en el yeyuno y permiten al intestino inflamado descansar.

En los casos en los que el intestino no puede absorber el alimento se utiliza la nutrición parenteral total que consiste en la administración intravenosa de soluciones de glucosa hipertónicas con el agregado de aminoácidos y grasas. Éstas se deben administrar a través de una vena central de mayor diámetro.


Porth CM. Trastornos de la función gastrointestinal. En: Porth CM, directora. Fisiopatología. Salud-enfermedad: un enfoque conceptual. 7ª ed. Madrid: Médica Panamericana; 2009. p. 895-902.

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