En esta cuarta semana he decidido
hacer la bibliografía de mi trabajo de
campo, en este caso sobre la enfermedad de Crohn.
La enfermedad de Crohn es una
respuesta inflamatoria granulomatosa que puede afectar a cualquier parte del
tubo digestivo, desde la boca hasta el ano, incidiendo más sobre el intestino delgado.
Esta enfermedad progresa en forma
lenta e implacable y a menudo puede ser discapacitante. Los principales
síntomas son dolor cólico, pérdida de peso, alteraciones de los líquidos y
electrolitos, diarrea intermitente, fiebre baja y malestar general. Y las
principales manifestaciones o signos suelen ser lesiones granulomatosas en
todas las capas del intestino, ulceración de la piel perianal, fístulas y abcesos
abdominales y obstrucción intestinal.
El diagnóstico de esta enfermedad
requiere una anamnesis completa y un examen físico minucioso. Entre las principales
pruebas diagnósticas que se suelen realizar están la sigmoidoscopia, examen de
muestras de heces frescas, tomografía computarizada y radiografías con
contraste. La realización de estas pruebas sirven para detectar signos como
abcesos, fístulas, infección, realizar biopsias, etc.
Los métodos de tratamiento se centran
en la inhibición de la respuesta inflamatoria y en promover la curación,
mantener una nutrición adecuada, y prevenir y tratar las complicaciones. Las
medicaciones más utilizadas son corticosteroides, sulfasalazina, metroonidazil,
ciclosporina y 6-mercaptopurina para tratar la reacción inflamatoria.
En 1999, la FDA aprobó el uso de
infliximab para el tratamiento de la enfermedad de Crohn moderada a grave que no responde a los
tratamientos estándares o para el
tratamiento de fístulas de drenaje abiertas. Este es el primer tratamiento
específico aprobado para esta enfermedad ya que combate varios de los signos y síntomas
que presentan los pacientes con este problema de salud.
En este trastorno son frecuentes las
deficiencias nutricionales debido a la malabsorción de los alimentos. Se
recomienda una dieta nutritiva rica en calorías, vitaminas y proteínas, y evitar
las grasas ya que agravan la diarrea. En la fase aguda de la enfermedad se
indica una dieta básica, con buen balance nutricional pero sin residuos y de
poco volumen, debido a que los alimentos que se ingieren de esta manera se
absorben en el yeyuno y permiten al intestino inflamado descansar.
En los casos en los que el intestino
no puede absorber el alimento se utiliza la nutrición parenteral total que consiste
en la administración intravenosa de soluciones de glucosa hipertónicas con el
agregado de aminoácidos y grasas. Éstas se deben administrar a través de una
vena central de mayor diámetro.
Porth CM. Trastornos de la función gastrointestinal. En: Porth
CM, directora. Fisiopatología. Salud-enfermedad: un enfoque conceptual. 7ª ed.
Madrid: Médica Panamericana; 2009. p. 895-902.
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